Declaración de Intenciones

Marzo 9, 2008

Un buen juego es como un buen vino. Pasa por varias fases. La primera impresión es sencilla, descarnada, certera. Luego puede colmar nuestros paladares durante un tiempo, para terminan con un sabor suave y prolongado, incluso después de terminar el trago. Hay juegos, como hay vinos, que recordaremos con un sabor agradable durante años. Pero también hay vinos que merecen ser escupidos al primer sorbo. Agrios, amargos o simplemente vacíos. Caldos de nula calidad que no servirían ni para el peor de los vinagres.

Y lo mismo sucede con los videojuegos. En una industria que crece de forma exponencial, nos encontramos rodeados de mediocridad. Programas que ya hemos jugado cientos de veces. Con distintas caras y con distintos nombres. Pero al fin y al cabo, iguales. Y a un precio prohibitivo para la mayoría de los bolsillos. En un sector donde la prensa especializada se debe a los favores de las grandes productoras, haremos un poco de justicia subjetiva. No será bonito, ni alentador. Pero llamaremos a las cosas por su nombre. Y lo que es basura, será tratada como tal.