Hay momentos decisivos en la vida de un hombre. Y el camino entre ellos marca el curso de la vida. Pero entre esas cumbres de la incertidumbre, aquellas decisiones que marcarán a cara o cruz el destino, hay cientos de momentos de la más absoluta nada. Líneas rectas que seguir con los ojos cerrados y la mente adormilada. Es en ese momento cuando yo recurro a los videojuegos. Así que ahora, tras una época en la montaña rusa de la vida, con apuestas de las que cansan el cuerpo y el alma, vuelvo al remanso de paz de la vida cotidiana. Un mundo que hace de la mediocridad un valor seguro y donde nada sorprende. Un remanso gris donde dejar pasar el tiempo.
Y lo mismo pasa con los videojuegos. Seguir la historia del pixel es como una película de Antena 3 a media tarde. Aunque te duermas y te pierdas una hora, luego puedes retomar la historia sin problemas. Eso es lo único bueno de la mediocridad. Puedes bajarte de un mundo en marcha y volverte a subir cuando quieras. Así que los videojuegos son como la vida. Vamos navegando en un mar de constante nada de un momento decisivo a otro. De un God Of War a un Residet Evil, con morralla de por medio. Así que empezamos de nuevo el viaje. Si alguna vez lo abandonamos.
Septiembre 1, 2008 a las 12:34 pm
Hola tron, ya era hora de que te pusieses a escribir un poco que vaya sequíaaaaa
Gracias por estas dos entradas de hoy, las he devorado en un santiamén. No pares de escribir tron, es genial este blog.
¡viva el sumiller del pixel!