He vuelto… para quedarme.

Hay momentos decisivos en la vida de un hombre. Y el camino entre ellos marca el curso de la vida. Pero entre esas cumbres de la incertidumbre, aquellas decisiones que marcarán a cara o cruz el destino, hay cientos de momentos de la más absoluta nada. Líneas rectas que seguir con los ojos cerrados y la mente adormilada. Es en ese momento cuando yo recurro a los videojuegos. Así que ahora, tras una época en la montaña rusa de la vida, con apuestas de las que cansan el cuerpo y el alma, vuelvo al remanso de paz de la vida cotidiana. Un mundo que hace de la mediocridad un valor seguro y donde nada sorprende. Un remanso gris donde dejar pasar el tiempo.

Y lo mismo pasa con los videojuegos. Seguir la historia del pixel es como una película de Antena 3 a media tarde. Aunque te duermas y te pierdas una hora, luego puedes retomar la historia sin problemas. Eso es lo único bueno de la mediocridad. Puedes bajarte de un mundo en marcha y volverte a subir cuando quieras. Así que los videojuegos son como la vida. Vamos navegando en un mar de constante nada de un momento decisivo a otro. De un God Of War a un Residet Evil, con morralla de por medio. Así que empezamos de nuevo el viaje. Si alguna vez lo abandonamos.

Una respuesta para “He vuelto… para quedarme.”

  1. Miguel Dice:

    Hola tron, ya era hora de que te pusieses a escribir un poco que vaya sequíaaaaa :D

    Gracias por estas dos entradas de hoy, las he devorado en un santiamén. No pares de escribir tron, es genial este blog.

    ¡viva el sumiller del pixel!

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