Septiembre 1, 2008

Sí. El nuevo Metal es un juegazo. El mejor de la saga sin dudarlo. Graficos de infarto, acción a raudales, una historia cautivadora. Todos el pack de calificativos recurrentes y manidos de las revistas del sector. Pero hay una cosa que no entiendo. El guión. Todo el mundo lo ensalza como una obra maestra de los videojuegos. Y yo lo detesto. No por el contenido, sino por la forma. Al contrario que el resto de la humanidad sobre la tierra, creo que el guión del Metal Gear Solid 4 está mal conastruído. El porqué, sencillo. ¿De verdad hacen falta siete horas de vídeo para contarme una historia? Por el amor de dios, que Ben Hur dura menos y es “la historia más grande jamás contada”.
Estimado señor Kojina ¿No me puede contar la historia en menos de siete horas? Pues menuda pena de guionista. En el mundo de la ficción, eso es una pega y no una virtud. Porque no olvidemos que además de los vídeos tenemos que interactuar con el protagonista para ir desvelado la historia. Y esa es la principal pega de toda la saga, Pero en esta ocasión se hace más latente, sobre todo porque el título en sí es sublime. Te sientas ante la tele con ganas de jugar, y al cuarto de hora no sabes si guardar el mando y sacar las palomitas. Al final, tras media hora de animación, con la adrenalina por los suelos y el mando tirado en el sofá, puedes empezar a mover a Snake. Un par de leches y otro vídeo. Como para una partidita rápida. Y sí, las animaciones se pueden saltar. Pero entonces ya te puedes dar por vencido. Es imposible seguir la historia sin esos mamotretos cibernéticos.
De momento, el Falcon Crest de los videojuegos se ha terminado. Aunque seguro que la historia de las nanomáquinas y los Patriots da para más. Para todavía más.
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Escrito por elsumillerdelpixel
Septiembre 1, 2008
Hay momentos decisivos en la vida de un hombre. Y el camino entre ellos marca el curso de la vida. Pero entre esas cumbres de la incertidumbre, aquellas decisiones que marcarán a cara o cruz el destino, hay cientos de momentos de la más absoluta nada. Líneas rectas que seguir con los ojos cerrados y la mente adormilada. Es en ese momento cuando yo recurro a los videojuegos. Así que ahora, tras una época en la montaña rusa de la vida, con apuestas de las que cansan el cuerpo y el alma, vuelvo al remanso de paz de la vida cotidiana. Un mundo que hace de la mediocridad un valor seguro y donde nada sorprende. Un remanso gris donde dejar pasar el tiempo.
Y lo mismo pasa con los videojuegos. Seguir la historia del pixel es como una película de Antena 3 a media tarde. Aunque te duermas y te pierdas una hora, luego puedes retomar la historia sin problemas. Eso es lo único bueno de la mediocridad. Puedes bajarte de un mundo en marcha y volverte a subir cuando quieras. Así que los videojuegos son como la vida. Vamos navegando en un mar de constante nada de un momento decisivo a otro. De un God Of War a un Residet Evil, con morralla de por medio. Así que empezamos de nuevo el viaje. Si alguna vez lo abandonamos.
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Escrito por elsumillerdelpixel