
Escribir bien de un juego, es más dificil que criticarlo. Mandar un título a la quema es un ejercicio de redención. Beneficia a propios y extraños. Pero ensalzarlo es la tónica dominante en toda la prensa especializada. Así, es complicado dar una opinión positiva de un juego, y encima, ser original. Pero esta vez, es un placer. God of War: Chains of Olympus, o lo que es lo mismo, Kratos en la PSP. En dos palabras. Casi sublime. El objetivo no era fácil: lograr que la sensación de manejar a Kratos en la secuela sea tan placentera como en PS2. Pero está conseguido. Solo dos peros ensucian el resultado de esta entrega. El primero, es que en algunos momentos, más o menos frecuentes, el juego se ralentiza y baja la frecuencia de frames. El segundo, es el complicado manejo de los botones cuando ese cruce entre semidiós y el calvo de telecinco comienza la aventura. Esta pega se pasa con unos minutos de juego. Pero la primera no. Y a veces, Kratos parece el Chikilicuatre haciendo el robocó. En fin. Nada es perfecto.