Me hace mucha gracia cuando escucho hablar del “Hype”. Tanto que ya ni me río. Se me queda una cara de asco-pena, un concepto que desarrolló Alex de la Iglesia en su libro “Payasos en la Lavadora” y que debería estudiarse en las universidades como una de las sensaciones más repetidas de la historia. Para todos los que no sepan de qué hablo, explicar sencillamente que los jugones más “jarcor” llaman “hype” a las espectativas que genera un juego. Es extraño que el castellano, esa lengua que sirvió para escribir El Quijote, se quede pequeño para los aficionados a los videojuegos.
Así, es común escuchar, y sobre todo leeer, que “tal o cual juego tienen mucho hype”. Con lo facil que es decir promoción. o incluso bombo. El palabro viene directamente de la entrada inglesa Hype: una promoción o publicidad exagerada. Aunque para los jugones españoles ha quedado
descafeinado. Y ahora se utiliza como coletilla para todos los juegos que generan expectativas entre los jugones. Por ejemplo, el rey por excelencia del hype fue el Assasin’s Creed. Anda que no fuieron pesados durante dos años, para luego darnos un Cracy Climber con bata.
Pero una cosa es la mala utilización del lenguaje, y otra muy distinta la estrategia comercial. Bombardear a los aficionados con cantos de sirena sobre los juegos se ha convertido en la mejor de las publicidades. Así, vemos en las convenciones y revistas especializadas pequeñas piceladas de los juegos que están por venir. Pero tan pequeñas que rozan el ridículo. Que si una captura de Residen Evil 5, que si un vídeo de 20 segundos de la promo del nuevo Alone in the Dark… Para catar una breve demo de un juego, hay que aguantar más de dos años de cortejo. Es lo que los guionistas llaman “unfinished fuck”. Otro palabro inglés que representa la tensión sexual no resuelta entre dos miembros de una serie de ficción. El problema es que el “hype” es en realidad el peor amigo de los videojuegos. Esperar dos años ilusionado al desarrollo de un juego brillante -como por ejemplo God OF War 2- es una experiencia asumile. Pero pasar el mismo trago para enfrentarse a juegos patéticos dejan una amarga huella en el jugador. Ese amante despechado e incomprendido.